viernes, diciembre 15, 2006

Historia de las sillas

Esta canción de Silvio está entre mis favoritas y siempre me ha intrigado en extremo. Siempre me pregunté qué habría querido expresar él, y siempre esto se mantuvo como un enigma para mí. Silvio dice mucho, y a menudo no directamente.


En el borde del camino hay una silla
La rapiña merodea aquel lugar
La casaca del amigo esta tendida
El amigo no se sienta a descansar
Sus zapatos, de gastados, son espejos
Que le queman la garganta con el sol
Y a través de su cansancio pasa un viejo
Que le seca con la sombra el sudor

En la punta del amor viaja el amigo
En la punta más aguda que hay que ver
Esa punta que lo mismo cava en tierra
Que en las ruinas, que en un rastro de mujer
Es por eso que es soldado y es amante
Es por eso que es madera y es metal
Es por eso que lo mismo siembra rosas
Que razones de banderas y arsenal

El que tenga una canción tendrá tormenta
El que tenga compañía, soledad
El que siga buen camino tendrá sillas
Peligrosas que lo inviten a parar
Pero vale la canción buena tormenta
Y la compañía vale soledad
Siempre vale la agonía de la prisa
Aunque se llene de sillas la verdad

Hace unos pocos días por carambola me encontré un blog de un español que se ha dedicado a darle interpretaciones a canciones del trovador cubano, e "Historia de las sillas" estaba allí, entre las afortunadas.

Resulta que la interpretación que da este tipo me encaja de maravilla. La canción habla de cómo uno debe ser consecuente con los caminos -a veces escabrosos- que se ha planteado en la vida, aunque inevitablemente al transitarlos uno encontrará sillas tentadoras y hasta peligrosas que lo inviten a uno a apartarse de su rumbo y sentarse a descansar, a claudicar ante el cansancio.

Lo que no me encaja es el Silvio de hoy. A veces me pregunto si al final se rindió ante la invitación de una de estas sillas peligrosas; si la agonía de la prisa lo dejó finalmente exhausto; si la punta del amor perdió filo.

Me pregunto dónde está el Silvio que era "a la zurda más que diestro", pero a la vez se hacía acompañar de una "necedad de vivir sin tener precio". Me pregunto dónde está el Silvio que no dejó que lo "convidaran a indefinirse", que no dejó que lo "convidaran a tanta mierda". Me pregunto también si soy yo quién para cuestionarlo, pero igual lo hago.

3 comentarios:

Gonzalo Valdés-Busto de Iznaga dijo...

Me llama la atención que te preguntas que quién eres para cuestionar a Silvio, aunque igual lo haces. Creo que eso se llama elección. Elegimos muchas cosas a lo largo de la vida, y siempre estamos ante un camino que se bifurca, o una silla donde sentarse, o un camino donde continuar. Pero lo importante no es el camino, o la silla, sino lo que elegimos, porque eso nos hace y reafirma en lo que realmente somos.

Un fuerte abrazo,
Gonzalo Valdés-Busto de Iznaga.

Anónimo dijo...

Claro... creo que cada quien tiene derecho a decidir su vida. pero así como Silvio tiene derecho a cambiar su punto de vista encontra de todo lo que ha escrito, uno se gana el derecho, desde el momento en que cree en su música, de criticarlo, por que? por que silvio se volvio en parte de cada uno de nosotros.. y es como si esa pequeña parte de nosotros nos traicionara para hacer justo lo que pregonaba no hacer... al final es algo doloroso... que aceptamos, pero no sin tener que dar un trago amargo a la vida.

Al final... somos solo hombres.

iVan Dranath

Anónimo dijo...

el poeta: impecable; el hombre: quién puede juzgarlo ....¿otro hombre?